En este mundo de marketing digital y nuevos medios, una de las figuras protagonistas de las redes sociales son los “influencers”. Aquellas personas o personajes que tienen decenas de miles e incluso millones de seguidores, y basta con que escriban una línea para tener una cantidad impresionante de likes, compartidos, retuits, corazoncitos o lo que ustedes prefieran.

Estos famosos influencers han encontrado una mina de oro en el mundo de la publicidad en medios digitales, y pueden llegar a cobrar sumas bastante considerables, por una publicación en sus redes a favor de una marca. Por ejemplo, Cristiano Ronaldo, el deportista mejor pagado de Twitter con sus casi 77 millones de seguidores, ¡cobra más de 260 mil euros por un tuit promocionando un producto!

Y aunque grandes compañías a nivel mundial se han dejado llevar por el destello de estos personajes, la estrategia no funciona para cualquiera. El obstáculo más importante son evidentemente los precios a pagar por un tuit, un estado de Facebook o una foto o historia en Instagram. Además,cada vez es más cuestionado su verdadera influencia, pues a menudo hablan de todo tipo de temas sin enfocarse en algo en particular, tienen un alto porcentaje de seguidores falsos o de cuentas comerciales, además de un público por demás variado, y cuentan con una credibilidad bastante cuestionable.

Por eso, ante la continua necesidad de las marcas de conectar de una manera más efectiva con su público, emerge ahora la figura del “micro-influencer”,una persona con una cantidad mucho menor de seguidores, entre mil y 10 mil, pero con un índice de confianza mayor, un nicho de mercado mucho más específico y más conexión engagement con su público.

Uno de los factores que ayuda a que estos microinfluenciadores tengan un éxito mayor, es precisamente que la gente se siente más identificada con un usuario que puede ser igual a él, que con otro que es completamente inalcanzable. En otras palabras, le hago más caso a alguien que estudia en mi Universidad, o trabaja en mi oficina, que a alguien que veo en la televisión.

Por supuesto, cuando se trabaja con influencers uno de los retos más grandes es saber cuáles son los más adecuados para mi marca, para lo que primero debo  hacer las siguientes preguntas:

  • ¿Puede ser un usuario potencial de mi producto o servicio?
  • ¿Se comunica con el público al que yo quiero llegar?
  • ¿Transmite las actitudes, valores y creencias que se identifican con mi marca?
  • ¿Es realmente capaz de influir sobre las personas que pueden comprar mi producto o servicio?
  • ¿Sus seguidores confían en él?

Para contestarlo, deberé convertirme en su seguidor y analizar sus redes de la manera más detallada posible, buscando información queme dé pistas de cómo y por qué interactúa con sus seguidores.

Al final, lo más importante para la marca será tener muy claras las estrategias a seguir y los objetivos que se quieren alcanzar, y no solamente contratar a alguien que “hable bien de mi marca” en sus redes sociales. Y lo más importante, medir el efecto que la nueva estrategia está teniendo en el público.

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